Punto de vista

Celina Finckenstein
Asistente Senior de Public Affairs
E-mail: celina.finckenstein@ipsos.com
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A palabras necias oídos sordos

Los periódicos y las redes sociales reventaban esta semana con la noticia de la investigación de la DEA que involucra al secretario general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, y vincula a Keiko Fujimori con el lavado de 15 millones de dólares en la campaña del 2011. La implicancia de la investigación ataca justamente el talón de Aquiles de la candidata presidencial. Nadie es ajeno al fuerte antivoto que Keiko enfrenta desde la campaña del 2011, el cual se centra en primer lugar en la asociación con el gobierno de su padre Alberto Fujimori, y por ende con el autoritarismo y la corrupción.

La oposición a Keiko Fujimori se manifestó claramente el 5 de abril, cuando cerca de 50 mil personas salieron a marchar por el centro de Lima cantando “Fujimori nunca más”, recordando el golpe de Estado de 1992 - que tuvo 80% de aprobación en su momento. Si bien la marcha podría considerarse como el clímax de la campaña antifujimorista, el efecto que tuvo en los resultados de la primera vuelta fue limitado. Una semana antes de la marcha, Keiko tenía el 40.8% de votos válidos en el simulacro de Ipsos, y el día de las elecciones alcanzó una cifra muy similar (39.9%). ¿Por qué?

En la encuesta de Ipsos del 9 de mayo los encuestados colocaron a los candidatos presidenciales en una escala del 1 al 10, donde 1 es “autoritarismo” y 10 es “democracia”. Las respuestas se cruzaron con la pregunta de intención de voto para evaluar la percepción de los votantes.

Los resultados demuestran una diferencia significativa entre las percepciones de los candidatos dependiendo de su intención de voto. Cerca de la mitad de los votantes de PPK percibe a Keiko como autoritaria, mientras solo 13% de los votantes de Keiko la coloca en ese extremo de la escala. Por el contrario, la mitad de los votantes de Keiko percibe a su candidata como demócrata vs. solo el 17% de los votantes de PPK. La percepción de PPK sigue una lógica similar, pero menos marcada.

Cabe destacar que los votantes indecisos perciben a Keiko como los votantes de PPK, mientras perciben a PPK como los votantes de Keiko. Es decir, ubican a ambos candidatos más hacia el lado autoritario de la escala que sus respectivos votantes, lo cual podría explicar su dificultad en decidir su voto.

Para poner estos resultados en perspectiva, se llevó a cabo un ejercicio similar para evaluar la percepción de los votantes sobre ellos mismos.

Los resultados demuestran que los votantes de Keiko son algo más proclives a clasificarse como autoritarios que los votantes de PPK, quienes se inclinan más hacia la democracia. Los indecisos se parecen algo más a los votantes de Keiko, que a los de PPK. Sin embargo, las barras de los tres colores siguen una tendencia similar, ya que la mayoría se clasifica como demócrata, seguido por los que se ubican al centro, y solo una minoría se declara como autoritario en los tres casos.

Según este análisis, los peruanos suelen ubicarse hacia el lado democrático de la escala, al igual que a su candidato. Al opositor lo suelen percibir como lo opuesto en términos políticos. Comparando los perfiles de los encuestados con su percepción del perfil de su candidato, se encuentra una fuerte relación. Los votantes de Keiko se encuentran exactamente alineados al estilo de Keiko, según su propia percepción. Los resultados demuestran el mismo hallazgo con respecto a PPK.

¿Cómo sirve esta información para explicar el punto de partida: el efecto, o más bien la falta de efecto, que tuvo la marcha contra Keiko?

La profunda diferencia en la percepción de Keiko tiene como efecto que el argumento del antifujimorismo enfrente una resistencia tan fuerte, que pierde relevancia. Los antifujimoristas marchan para demostrar que Keiko es autoritaria y corrupta, y los fujimoristas simplemente están en desacuerdo con ese punto de vista. Dado que los votantes de Keiko la perciben igual que a ellos mismos, las alegaciones de los antifujimoristas se convierten en un ataque personal, lo cual fomenta la polarización de la elección.

La verdad es que no hay como saber si un gobierno de Keiko Fujimori sería autoritaria o no, hasta que no suceda. Hasta entonces, la pelea de los fujimoristas vs. antifujimoristas va a seguir siendo una discusión de sordos, al menos con respecto al autoritarismo. En cuanto a la corrupción, habría que hacer un análisis similar para determinar si ocurre lo mismo, aunque probablemente sea así.

A diferencia del autoritarismo, la corrupción (el segundo problema principal del país) se puede anticipar a la toma de mando de un candidato. Si la investigación de la DEA proporciona evidencias concretas, esto sí podría cambiar la opinión de los votantes fujimoristas y hacerlos más permeables a los argumentos antifujimoristas. Eso aún está por verse.

Fuentes:

(1) CanalN, 5 abril 2016

(2) Ipsos, abril 1992

(3) Ipsos, 1 abril 2016

(4) ONPE, Resultados Electorales Primera Vuelta 2016

(5) Ipsos, enero 2016

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