Punto de vista

Karina Miranda
Gerente de Proyectos de Ipsos Public Affairs
E-mail: karina.miranda@ipsos.com
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Por cinco lucas me compro un diputado

Un juez, un fiscal, un par de abogados. Han pasado casi 25 años desde que “Las torres” sonó por primera vez en las radios y pareciera que nada ha cambiado. Se puede seguir cantando con la misma vigencia, porque todo lo que denunciaba, sigue sucediendo en la actualidad.

Ante ayer se celebró el Día internacional contra la corrupción, fecha oportuna para presentar los resultados de la novena encuesta nacional anticorrupción, realizada por Ipsos para Proética. Como cada dos años, este sondeo nos enfrenta con una realidad alarmante y que lejos de mejorar, pareciera que se agravara con los años. Para los entrevistados, la principal dificultad del Estado es la corrupción de funcionarios y autoridades, problema que se ubica en primer lugar hace diez años. ¿Algo ha cambiado? Para cuatro de cada cinco ciudadanos, la corrupción ha aumentado en los últimos cinco años y un poco más de la mitad afirma que seguirá igual en el siguiente quinquenio. La desesperanza se ha instalado y una de las razones podría deberse a que para la mitad de los entrevistados, la corrupción no se sanciona porque “todos están amarrados”. En esa misma línea, las instituciones que deberían combatir la corrupción, son percibidas como las más corruptas: el Poder Judicial, el Congreso de la República y la Policía Nacional son las que ocupan los tres primeros lugares.

La corrupción ha calado profundamente en nuestra sociedad y se ha convertido, como mencionaba Ricardo Lago, en la presentación de resultados, en un problema sistémico. Está en todas partes, ya no solo es un asunto de jueces, policías o empresarios; todos los ciudadanos la padecemos, somos víctimas de la corrupción y por qué no, podemos ser (o somos) cómplices también. La corrupción deja una huella devastadora en el desarrollo político y económico del país y tiene además un costo altísimo, que obviamente pagamos todos los peruanos. Según datos expuestos en la V Conferencia Anual Anticorrupción Internacional celebrada el año pasado, la corrupción le cuesta al país entre el 2% y el 5% del PBI. Para tener una idea, esta cifra es equivalente, más o menos, al presupuesto que se le asigna anualmente al Ministerio de Educación.

¿Qué podemos hacer para combatir un problema tan grave como este? La semana pasada durante la Conferencia Anual de Ejecutivos - CADE 2015, Moisés Naim estuvo a cargo de cerrar la primera jornada y lo hizo dejándole una tarea al próximo gobierno: “Disminuir la impunidad con la que se roba en el sistema judicial y concentrarse en eso. Esa ya es una tarea suficientemente grande”. Si bien, se trata de una postura que puede generar algunas discrepancias, puesto que la experiencia internacional nos ha dado muestras de que hay países con sistemas de justicia que funcionan decentemente y aun así, han sido presas de corrupción. Considero que para el Perú la lucha contra la corrupción sí debe ser una prioridad, incluso por encima de otras trabas igual de graves como la inseguridad ciudadana o el estancamiento económico La principal razón es que todos estos problemas están claramente vinculados, con corrupción de por medio, no se les puede resolver.

En ese sentido, el desánimo actual no solo viene de parte de la opinión pública, sino también de parte del sector empresarial. En la encuesta que Ipsos aplicó a los asistentes a CADE, preguntamos ¿qué tanto ha avanzado el actual gobierno en materia de lucha contra la corrupción? Casi la totalidad de entrevistados, consideró que los avances han sido mínimos o que incluso se ha retrocedido. En este escenario, la preocupación por disminuir la corrupción cobra mayor relevancia y los empresarios parecen estar tomando conciencia de ello. Así lo demuestran algunas otras respuestas obtenidas en la misma encuesta, ante la pregunta de qué medidas tendrían un mayor impacto para reactivar la inversión privada; en primer lugar se nombró combatir la corrupción. Como mencionaba Alfredo Torres: “Los empresarios no piden reducción de impuestos o facilidades especiales. Piden menos corrupción. Las empresas –como las personas– están hartas de padecerla”. La tarea entonces, como afirmaba Naim, es adecentar el Poder Judicial y disminuir la impunidad con la que se roba.

La encuesta anticorrupción nos da algunas luces para creer que algo está mejorando. En esta medición el porcentaje de entrevistados a quienes les solicitaron alguna coima y no dio, ha subido ligeramente. Lo mismo la proporción de quienes denunciaron este hecho, siendo mayor entre los limeños. Además, el rechazo hacia los funcionarios que favorecen a parientes o amigos también se ha incrementado en comparación a hace dos años. El estudio de Proética nos da cierta esperanza de que un avance en esta materia, aunque sea leve, es posible. Asimismo, nos invita a pensar que ya es momento de hacer frente a este problema que nos concierne y nos aqueja a todos, porque por lo menos yo, no quiero seguir cantando “Las torres” por  25 años más.

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