Punto de vista

Javier Álvarez Pecol
Gerente de estudios multiclientes – Ipsos Marketing Perú
E-mail: javier.alvarez@ipsos.com
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Ver para creer

Conocí una pareja de extranjeros que visitaba el Perú por segunda vez. En esta oportunidad venían a realizar turismo gastronómico y cultural. Me contaban que para conocer parte de la cultura viva e identidad de la ciudad, tenían el hábito de ojear las portadas de diarios y revistas en los quioscos de periódicos. Les llamó mucho la atención –además de la cobertura de chismes de farándula- la orientación hacia las noticias de cómo curarse diversas dolencias con medicina natural, la oferta de servicios esotéricos, avisos de avistamiento de ovnis y cosas por el estilo.

La sorpresa hubiera quedado como algo curioso sino fuera que en su caminar observaron que la mayoría de los comercios tenían algún amuleto como el gato chino de la suerte. Además, se percataron de los avisos de “amarres” y otras promesas de amor en los postes de la vía pública. Para estos turistas, el Perú es un país muy religioso, devoto y creyente del Señor de los Milagros; pero también, una nación milenaria, rica en costumbres y tradiciones ancestrales  cuya herencia podría explicar que el limeño de hoy cree y siente cierta fascinación por las ciencias ocultas, el tarot, las limpias, la pasada de cuy, los chamanes, los baños de florecimiento y todos los demás rituales populares.

¿Es correcta la percepción de que los peruanos somos muy creyentes de los aspectos religiosos y de los temas mundanos? Lo que dicen las encuestas (1) confirmaría que la gran mayoría tiene fe religiosa y solo 5% es agnóstico. El 42% se declara católico practicante, 33% católico no practicante y 20% tiene otra religión, esto último ha venido en una tendencia creciente desde 1995, año en que el registro marcaba solo 7% (2). Tema interesante para un artículo aparte.

En religión y al margen de cuál sea la que se profesa, la mayoría cree en la resurrección de Jesús, el cielo y los milagros. No tantos hacia la vida después de la muerte, el infierno y el demonio (3).

Respecto a las creencias populares que algunos podrían denominar paganas, los sondeos de opinión reflejan que existiría un mayor índice de escepticismo y desinterés hacia estos asuntos, aunque me inclino a pensar que es un tema con fenómeno similar al “voto oculto”. Deben ser más los creyentes que no lo dicen y aceptan; y muchos más los que solo les agrada y entretiene.

En todo caso, a lo que más se le cree es a lo sobrenatural, extraterrestre y a las prácticas ocultas. Una minoría es crédula de la cartomancia, los duendes y los amuletos para la buena suerte (4). Si bien, no se han evaluado todos los ítems que encajarían muy bien en el rubro, podemos observar una tendencia a negar apego por estos menesteres. En el análisis generacional, sorprende la generación Y que refleja más afinidad a las creencias esotéricas que la generación X y la de los Baby Boomers. Además, los Millennials también son quienes se auto perciben como supersticiosos.

Nos queda como tarea, descubrir si como consumidores de productos y servicios somos fiel creyentes de las promesas y ofertas de valor de las marcas o más bien somos desconfiados e incrédulos hacia ellas. De lo que no hay duda, es que los peruanos creemos en Dios y para todo lo demás, como dice la frase, ¡ver para creer!             


Fuentes:

(1) Ipsos Perú: Informe de opinión – octubre 2013

(2) Ipsos Perú: Niveles Socioeconómicos de la Gran Lima – 1995

(3) Ipsos Perú: Informe de opinión – marzo 2016

(4) Ipsos Perú: Informe del Perfil de jóvenes, adultos y adultos mayores – 2015.

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